Ansiedad: lo que tu cuerpo intenta contarte
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La ansiedad no aparece de la nada. Antes de que la mente le ponga nombre, el cuerpo ya lleva un rato hablando: la respiración se acorta, los hombros se tensan, el sueño se vuelve ligero. Muchas veces intentamos silenciar esas señales en lugar de preguntarnos qué nos están queriendo decir.
Cuando vivimos con el piloto automático en modo exigencia, el cuerpo asume una carga que la mente todavía no ha reconocido. La ansiedad, en ese sentido, no es el enemigo: es un mensajero incómodo que llega para avisar de que algo necesita atención, cuidado o un límite.
En terapia trabajamos para que puedas leer la ansiedad sin que te gobierne. Que desaparezca de un día para otro rara vez ocurre, y tampoco es lo que perseguimos. Reconocer qué la activa, cómo se instala en el cuerpo y qué necesidad hay detrás es lo que cambia tu manera de convivir con ella.
Si últimamente notas que tu cuerpo lleva la delantera y la mente va detrás intentando entender qué pasa, puede ser un buen momento para pararte a escuchar. No tienes que hacerlo a solas.
